Si cierras los ojos, volando el camino
que te lleva al centro
y respiras hondo,
del mar del deseo brotarán los sueños
que duermen la espera estando despierto.
Al fondo, en el cerro, una luz titila citando
en destellos
las almas perdidas que condenan hierros.
Sus dedos señalan la puerta del credo,
aquel que no entiende de reyes, de siervos,
aquel que escribiste cuando las palabras
perdieron acentos.
No abraces el miedo,
deja las batallas, la sangre, los duelos,
entierra el acero,
sentémonos juntos al calor del fuego,
neguemos los dioses que levantan muros,
que dividen cielos,
que pintan colores que tú y yo no vemos.
Sentémonos juntos al calor del fuego,
cerremos los ojos volando el camino
que nos lleva al centro.



5 comentarios:
Mi querida Elsa: Te doy mi mano y juntas volaremos hacia ese centro.
Ya no me quedan adjetivos para calificar tus poemas. Eres increible.
Miles de besos.
¡Precioso poema!
No podemos permitir que se levanten muros en el cielo. ¿Qué sería de los poetas sin las estrellas?
Un beso
Volar caminos que dejen atrás los senderos de la guerra y la destrucción... Esa es una buena propuesta. Ojalá se animasen los seis mil millones de almas, unas más perdidas que otras, que pisan la tierra.
besos.
"No abraces el miedo
deja las batallas, la sangre, los duelos
entierra el acero"
Como siempre tus poemas hablan por sí mismos. Mis palabras solo dan sombra pero no puedo dejar de admirarlos. Fantástico amiga.
Cada día una nueve estrella me dice... ¡escribe! Lo mismo te digo y sigue siendo estrella.
Un beso
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