Si cierras los ojos, volando el camino
que te lleva al centro
y respiras hondo,
del mar del deseo brotarán los sueños
que duermen la espera estando despierto.
Al fondo, en el cerro, una luz titila citando
en destellos
las almas perdidas que condenan hierros.
Sus dedos señalan la puerta del credo,
aquel que no entiende de reyes, de siervos,
aquel que escribiste cuando las palabras
perdieron acentos.
No abraces el miedo,
deja las batallas, la sangre, los duelos,
entierra el acero,
sentémonos juntos al calor del fuego,
neguemos los dioses que levantan muros,
que dividen cielos,
que pintan colores que tú y yo no vemos.
Sentémonos juntos al calor del fuego,
cerremos los ojos volando el camino
que nos lleva al centro.


